El viernes pasado empezó mi singladura particular en la Universidad Marie Curie-Skłodowskiej de la preciosa ciudad de Lublin. Fue con un grupo de primero de románicas que tiene el español como segunda o tercera lengua de estudio.
La primera apreciación que debo anotar es la sensación de sorpresa por el nivel de español que la mayoría tenían. Mis expectativas no se cumplieron: pensaba que tendrían un nivel completamente cero. No fue así: la mayoría de alumnos tenían algún conocimiento e, incluso, tres o cuatro de los 19 que conforman el grupo, se puede decir que ya tienen un nivel A1. Sin embargo, la programación del curso me inclinó a hacer una primera clase introductoria en la que expondría los saludos y despedidas básicas y cómo presentarse dando información personal, nombre y apellidos, edad, profesión y nacionalidad. La programación que planteé se me quedó corta a causa de superior nivel de los alumnos, es decir, ya conocían los contenidos.
No obstante, era lo que tenía que hacer. Tengo que decir que el grupo lo llevamos dos profesores, Ágata y yo; ella se encargará de la parte de gramática y de las habilidades receptivas y yo de las habilidades productivas: la expresión escrita y oral y la interacción oral. Por esta división presentar los contenidos clásicos de un primer día de clase para alumnos con conocimiento cero se hace una tarea compleja, que no difícil. Era cuestión de llevarlo todo desde la oralidad y no tener en cuenta los aspectos gramaticales que subyacen de los contenidos funcionales: singular y plural, las personas del verbo, la conjugación de los verbos, ser, tener y llamarse, etc. Intenté proponer ejemplos de uso desde el inicio, al saludar y despedirme varias veces con varios alumnos, por un lado, y expresar la información personal propia y haciendo que expresaran ellos la suya por el otro. Para que lo sistematizaran, preparé una serie de actividades que, vistos los resultados no les comportaron ningún problema. Estas actividades también me permitieron sondear cuáles van a ser las dificultades de ejecución por parte de unos alumnos con unas características bien definidas: son alumnos aplicados que están acostumbrados a que sea el profesor quien hable en clase, por lo que les cuesta mucho participar si el docente no se lo pide en clase abierta. Vamos camino de pensar en cómo llevar a cabo las interacciones orales entre estudiantes que, además de compartir una L1, se conocen y están acostumbrados entre ellos a hablar en polaco. Va a ser difícil poder hacer que solo hablen en español en clase. Yo puedo ir dando vueltas por el aula, pero la primera percepción que tuve fue la de que cuando me apartaba cambiaban en algún momento la lengua de comunicación. Ahora bien, al ser una práctica muy guiada, sí utilizaron el español bastante, algunos más que otros. Tengo que tener el oído muy fino y poder calibrar en su justa medida el uso del español en las interacciones, más que nada porque son actividades evaluables que se deben tener muy en cuenta. Vamos a ver cómo sale la segunda clase, el viernes que viene, en a que empezaremos a trabajar más en serio y con un mayor y mejor ritmo.
Una apreciación: la actividad número 3, reconstruir el diálogo, está mal planteada, porque existen varias posibilidades en la resolución del ejercicio. Problema de no fijarse y de no hacerla tú en casa. Esperemos que no vuelva a pasar.
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domingo, 4 de octubre de 2009
sábado, 15 de noviembre de 2008
suspenso en expresión oral
Aunque nuestro ámbito específico de actuación sea el de LE, no está de más siempre mirar hacia lo que tenemos en casa sobre adquisición y competencia en aspectos lingüísticos.
La Vanguardia publica hoy una noticia que me ha hecho beber el café de la mañana en un santiamén. Os inserto el link aquí, ya que no podréis acceder a partir de un enlace url: http://www.lavanguardia.es/ciudadanos/noticias/20081115/53579527122/educadores-y-empleadores-detectan-carencias-de-lexico-y-comunicacion-oral-en-los-jovenes.html
Se trata de un artículo en el que -basándose, supongo, en algún tipo de estudio cualitativo -se dice que no hay estudios empíricos- se analiza por qué los estudiantes españoles y, en concreto, catalanes, no adquieren la suficiente competencia en expresión oral y, de pasada, escrita (Cassany)y qué medidas se deberían adoptar para su mejora. Ahora bien, ¿trabajamos, en nuestro ámbito docente, suficientemente la expresión oral? ¿Le damos la importancia que se merece? Parece ser que el problema va mucho más allá de nuestras capacidades y posibilidades, es un problema de exigencia social, ya que, como comenta Cassany, se exige a los alumnos que adquieran una serie de competencias que ni se incluyen en los currículos ni se fomentan desde las propias microsociedades en las que crecen los alumnos (las familias); todo ello pone en duda la campaña publicitaria iniciada por las autoridades que, a través de los medios de comunicación, fomentaban la lectura de todos los integrantes del seno familiar para potenciar la lectura entre los más pequeños ¿Y luego discriminan la literatura a "María" (Sotelo) en los currículos? Desde mi punto de vista, esta es una de tantas incongruencias con las que vivimos actualmente.
A todo ello, los comentarios de Adolfo Sotelo (UB) parecen muy acertados: más literatura, por favor.
La Vanguardia publica hoy una noticia que me ha hecho beber el café de la mañana en un santiamén. Os inserto el link aquí, ya que no podréis acceder a partir de un enlace url: http://www.lavanguardia.es/ciudadanos/noticias/20081115/53579527122/educadores-y-empleadores-detectan-carencias-de-lexico-y-comunicacion-oral-en-los-jovenes.html
Se trata de un artículo en el que -basándose, supongo, en algún tipo de estudio cualitativo -se dice que no hay estudios empíricos- se analiza por qué los estudiantes españoles y, en concreto, catalanes, no adquieren la suficiente competencia en expresión oral y, de pasada, escrita (Cassany)y qué medidas se deberían adoptar para su mejora. Ahora bien, ¿trabajamos, en nuestro ámbito docente, suficientemente la expresión oral? ¿Le damos la importancia que se merece? Parece ser que el problema va mucho más allá de nuestras capacidades y posibilidades, es un problema de exigencia social, ya que, como comenta Cassany, se exige a los alumnos que adquieran una serie de competencias que ni se incluyen en los currículos ni se fomentan desde las propias microsociedades en las que crecen los alumnos (las familias); todo ello pone en duda la campaña publicitaria iniciada por las autoridades que, a través de los medios de comunicación, fomentaban la lectura de todos los integrantes del seno familiar para potenciar la lectura entre los más pequeños ¿Y luego discriminan la literatura a "María" (Sotelo) en los currículos? Desde mi punto de vista, esta es una de tantas incongruencias con las que vivimos actualmente.
A todo ello, los comentarios de Adolfo Sotelo (UB) parecen muy acertados: más literatura, por favor.
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